Carta de la Luna Llena
Hari Om Tat Sat, Om Shanti
Uno de los nombres del Señor en sánscrito es Hari, que significa: “Él que atrae todas las cosas hacia Sí mismo”. Todos los que habéis acudido alguna vez a nuestros retiros, nos habéis escuchado saludar al final de las prácticas:
“Hari Om Tat Sat, Om Shanti”, que significa en esencia lo siguiente:
Todos somos atraídos hacia Él (Hari).
Que es el Espíritu Santo, la fuerza creadora (Om). La Divinidad.
Que es el Hijo, el Amor (Tat). La universalidad.
Que es el Padre, Luz y Sabiduría Universal (Sat). Existencia
eterna.
Que reine el Espíritu de la Paz (Om Shanti).
Aún en las más inferiores atracciones, el Eterno Invisible se manifiesta. Otra cosa es que tú seas o no consciente de ello.
Cada forma de pensar es un camino que se puede seguir. Todas las escuelas espirituales de la Tierra son manifestaciones de la gloria, el amor y el poder de Dios. Todas las escuelas tienen diferentes formas y lenguajes para llegar a lo mismo, ser uno con el Gran Profundo, Brahman, Dios. Él viene a buscarnos por el camino que hayamos elegido para ir a Él.
El bhakta, el iniciado, el devoto, el yogui, debe tener mucho cuidado de no rechazar, odiar o descalificar a los que siguen otros senderos y tampoco debe permitirse oír hablar mal de ellos. ¡Qué pocos seres humanos existen hoy con una visión y facultad de apreciación holística unidas a un amor intenso!
El Yoga Esenio abre a los seres humanos una infinidad de puertas para entrar en el templo sagrado de Dios, que es el corazón del ser humano. Este Yoga, a través del Bhakti Yoga, nos aporta el propósito imperativo de no odiar, ni declarar como no verdadero a ninguno de los diferentes senderos que conducen a la liberación y a la paz.
Si estás empezando a caminar en el terreno espiritual, eres como una joven planta que debe ser protegida hasta que poseas un tronco recio y firme, al que ningún viento sea capaz de tumbar.
Estoy completamente de acuerdo con lo que comentaba uno de los mayores maestros de Yoga en la India, Swami Vivekananda, cuando decía:
“La tierna planta de la espiritualidad morirá si es expuesta demasiado pronto a la acción de un constante cambio de ideas e ideales”. Se ve mucha gente que, en nombre de aquello que se puede llamar liberalismo religioso, alimentan su ociosa curiosidad con una sucesión continua de ideas diferentes. Es para ellos el oír nuevas cosas, una especie de enfermedad, una clase de manía religiosa que lo lleva como al borracho a beber, a seguir oyendo y buscando por hábito. Desean oír cosas nuevas para sentir una excitación nerviosa pasajera, y cuando una de esas influencias ha producido en ellos algún efecto, están ya prontos a buscar otra. La espiritualidad es, para estas personas, una especie de opio intelectual, y ahí termina todo.
Otro maestro, Ramakrishna, que fue en la India como el Francisco de Asís europeo dice:
“Hay otra clase de personas que actúan como las ostras. La ostra deja su lecho en el fondo del mar y sube a la superficie, para recibir una gota de agua de lluvia en un determinado momento de las fases lunares. Se deja flotar en la superficie del mar con sus conchas bien abiertas, hasta que logra atrapar una gota de agua de lluvia, y entonces, se sumerge y desciende hasta el fondo, donde se queda hasta lograr de la gota de agua una maravillosa perla…”
Esto significa que cada ley universal, cada yama o niyama, cada ásana, cada lección, cada enseñanza que te llueva del cielo, de tu escuela, de tu maestro, de tu profesor, de tu amigo fiel, debes introducirla en lo más profundo de tu corazón, de tu concha, y convertirla en una perla radiante de belleza, de luz y de amor.
Esto se hace poniendo en práctica tu sadhana y tu fe, que es la clave de tu transformación. “Uno mismo es el responsable de que el sendero que ha elegido funcione o no para él”.
La mayoría de las veces somos como una ostra que no se conforma con una gota de lluvia, y ve importante probar muchas gotas de lluvia de muchos nubarrones para comprobar cuál es la auténtica. Al final, termina ahogada de tanta agua, de tanta humedad, saturada de tanto golpe de información y justificando su fracaso criticando a todas las escuelas y todos los maestros diciendo que todos son iguales o en el caso de que alguna nos haya purificado algo de verdad, la tildamos de secta y nos quedamos tan panchos.
¿Cómo pretendes descubrir la luz cuando niegas que alguien la tenga?
¿Cómo te propones vivir el amor, cuando lo que haces es demandarlo obsesivamente de los demás porque estás vacío?
¿Cómo quieres vivir la armonía cuando tu cabeza es una jaula de ostras ahogadas?
¿Cómo aspiras a la paz cuando tu mente vive el hacinamiento de pensamientos derrotistas, despóticos y negativos, respecto a la vida y los que te rodean?
¿Cómo lograrás buenas compañías cuando exiges que todos piensen como tú?
¿Cómo pides abundancia cuando tu amiga más íntima es la racanería?
Todo lo que tú piensas o imaginas, ya está realizado en algún lugar del cosmos. Si alguien te dice que estás loco porque sueñas con una utopía, tú le dices: “Gracias a muchos como yo, el mundo evoluciona y crece”. El mundo se secaría de aburrimiento si no fuera por los utópicos que trabajan para que el mundo de la luz se instale en la Tierra.
La constante ocupación y aspiración de todo ser inteligente que ha llegado a las cotas máximas de inteligencia para el nivel de la Tierra, es: ¡Dar, siempre dar! No esperar nada de nadie, sino sólo del Eterno Poder, de la Eterna Inteligencia, que sólo se hace visible a través del Amor, que da todo cuanto es vida en el Infinito Universo.
Estamos asistiendo hoy día a una eclosión de sistemas y filosofías de Yoga. Todas tienen su verdad y su función. El Yoga es el sistema filosófico o sendero de autoconocimiento que más éxito y arraigo ha tenido en los países occidentales durante varias décadas. Esto es así porque funciona. A poco que te entregues a su práctica, vas a ir comprobando transformaciones tanto en los sistemas muscular, articular, circulatorio, digestivo, etc., como en los sistemas más complejos como el neuronal, nervioso, endocrino e incluso, en el ADN celular.
Mejoras porque tus actitudes mejoran. No esperes vivir estados superiores de conciencia si no te has atrevido
a ser bueno, cuando la vida te pone en bandeja ser perverso y desalmado y además con razón;
a ser puro de pensamiento, emoción, cuerpo y acción,
cuando los placeres sensoriales te lanzan anzuelos super atractivos;
a transmitir el perdón,
cuando violan tu integridad y tus aspiraciones más queridas;
a manifestar el entusiasmo,
cuando compruebas que está todo perdido;
a ponerte la túnica de la frugalidad y de la sencillez del sabio,
cuando aparece la abundancia;
a sentir la fe incluso en medio de causas perdidas;
a emplear la voluntad activa y la perseverancia,
cuando la inercia se hace dueña de tu vida;
a hacer acopio de valor,
cuando vives experiencias de auténtico pavor;
a cargarte de paciencia en medio de la desesperación,
la tomadura de pelo o el ensañamiento;
a ser generoso, cuando has comprobado que te están robando o a dar
sin que nadie lo sepa;
a responder con humildad, cuando se te da la oportunidad de ganar una batalla;
a entrar en paz en medio de las múltiples guerras que la vida te presenta;
a desapegarte de algo que forma íntegramente parte de tu vida.
No te creas que todo esto yo lo tengo superado, puedo equivocarme como cualquiera.
Además, me puedo percatar con agilidad del error en el que puedo estar cayendo, lo
cual significa que las consecuencias kármicas para mí son inexorables; porque, además
de darme cuenta, se me da la oportunidad de enseñarlo. Todos estamos en el mismo
carro y debemos ayudarnos para empujarlo unidos.
Soma
