Carta de la Luna Llena

por May 1, 2026Carta

Espera · Confía · Invoca · Medita · Ama

¡Que solo experimentes las consecuencias de un solo huracán, Dios!

El Karma Yoga no es el Yoga del trabajo, es el trabajo del Yoga; no es el Yoga de la acción desinteresada, es el gesto de desprendimiento y autovencimiento del Yoga. Con el Karma Yoga se purifica el cuerpo, se transforman los códigos de conducta dañinos, se liberan las emociones, ayuda poderosamente a silenciar el mental y se crea, sobre todo, esa bóveda psíquica protectora de la que hablan los maestros yoguis-esenios, necesaria para que un día podamos “tocar el Cielo” en la Tierra.
Es decir, el Karma Yoga es esencialmente un camino trans-formador del cuerpo-mente y alma. Aunque, a veces, no sea todo agua de rosas, el ego se violente y se altere porque no entiende muchas cosas que le ocurren. Esto forma parte también del “pack” del Karma Yoga.

Si quieres encontrar un buen profesor de Yoga, te aconsejo que observes los siguientes aspectos en la persona que te va a dar las clases:
· Busca su inocencia y el brillo de sus ojos.
· El entusiasmo con el que te cuenta las cosas.
· Observa si es capaz de reírse de sí mismo.
· Huye de aquel que te dice que su escuela es la mejor y critica a otros profesores
o escuelas. El respeto por las diferentes formas de aplicación del Yoga es
imprescindible.
· Escápate si sus palabras emanan derrotismo, recelo o agitación.
· Tampoco mires su éxito. El éxito en la Tierra no quiere decir éxito en el Cielo.
· Duda de aquel que tiene prisa porque te inscribas.
· Contempla el orden y la limpieza del centro. Donde hay suciedad pueden venir las “cucarachas”.
· No des importancia a la cantidad de cosas que sabe, sino a la calidad de lo que siente y ha integrado de aquello que dice.
· Percibe cómo te sientes cuando te acercas a él o a ella.
· Recela si atisbas algo de prepotencia, porque Dios da su luz a los humildes y se la oculta a los soberbios.
· Si tienes en cuenta estos puntos, será difícil que te equivoques.

Uno de los errores que cometemos los humanos es considerar que sólo los grandes, los videntes, los maestros, los poderosos, los terapeutas… pueden ser espirituales, hablar del misticismo o de la meditación. Es un error considerar esto porque siento que la mayor parte de la sabiduría del Cielo la guardan los humildes y sencillos. El Cielo posee infinitas formas de canalizar sus mensajes a los humanos.
Si anhelas o necesitas recibir información sobre tu vida,

espera, confía, invoca, medita y ama

y comprobarás cómo lo que necesitas se te da. Somos hijos de esa Gran Fuerza-Amor-Luz universal que es nuestro Padre-Madre eterno, que nos ama más allá de lo concebible.
¿No das a tu hijo lo que te pide con insistencia incluso, a veces, aunque no le convenga?
¿No regalas a tu hijo cosas que ni él puede imaginarse?
¿No te estremeces de amor, entrega y afecto cuando tu hijo te mira con ternura y te rodea con sus inocentes bracitos?
¿Cuánto más pues no nos ofrecerá nuestro Padre-Madre invisible que nos ama mucho
más allá de lo que nos podemos imaginar?
Sólo nos pide que actuemos y nos relacionemos con Él con la inocencia de un niño; que meditemos en nuestra divina esencia y que sepamos esperar y confiar; porque nuestros ritmos, no son sus ritmos y sólo podemos ver una parte pequeñita del Todo.
Por lo tanto, si no quieres ser “esclavo” de los múltiples videntes, magos, maestros y terapeutas de casi todo, tanto falsos como auténticos,

espera, confía, invoca, medita y ama.

De esta forma, no tendrás que ir en busca de nadie para solucionar tus conflictos y, si de verdad necesitas a alguien que te guíe, Él hará que aparezca en tu vida.
Cuando el enfermo ha comprendido, el terapeuta aparece.
Cuando el alumno está preparado, el maestro se presenta.
Cuando el ignorante ha reconocido, el sabio surge.
Cuando el prepotente o el orgulloso se humilla, la Luz viene.
Cuando el tuyo y el mío desaparecen del vocabulario, la abundancia se manifiesta.
Corren tiempos de falsas humildades y de objetivos confundidos, de fines banales y obsoletos, de misiones fútiles y de búsquedas que están perdidas antes de empezar.

Cuento del tiempo perdido

Era de noche. Un transeúnte al pasar junto a una farola vio extrañado cómo una mujer buscaba afanosamente algo por el suelo. Daba vueltas insistentemente alrededor de la farola, mirando al suelo.
El transeúnte se aventuró a preguntar: -“Perdona que te moleste, buena mujer.
¿Qué se te ha perdido? ¿Qué buscas? ¿Puedo ayudarte en algo?”
La mujer, con la voz entrecortada por los sollozos, respondió: -“Busco mi anillo. He perdido mucho tiempo buscándolo y no aparece.” -“¿Se te ha caído por aquí?” -“No,-gimoteó la mujer- lo he perdido en mi casa, pero como allí no tenemos luz,
me he venido a buscarlo junto a esta farola…”

Autor desconocido

Parece absurdo el cuento, pero así actuamos los humanos,
buscamos donde no hay,
pensamos lo que no nos ayuda,
ayudamos a quién no le hace falta,
pedimos lo que no nos conviene,
hablamos cuando no es necesario, empleamos energía en asuntos baladí.
Creemos que un nuevo trabajo, una nueva mujer u hombre, un nuevo camino de
conocimiento, una nueva técnica, va a solucionar nuestro conflicto o vacío existencial.

Soma