Carta de la Luna Llena
Libre albedrío · Conexión · La misión
En esta nueva carta de Luna Llena quiero comentar acerca de tres temas de los que mucho se habla en el mundillo espiritual:
1. El libre albedrío. 2. ¿Qué es conectarse? 3. La misión de cada uno.
Me baso fundamentalmente en la visión que los maestros yoguis esenios tenían al respecto.
1. El libre albedrío
La gracia y el don del libre albedrío es un privilegio que la mayoría de los humanos no hemos acertado a comprender; porque su esencia se descubre, lo mismo que la de la fe, a través del corazón y no de la mente inteligente.
Dios no sería amor si no nos hubiera dado el don del libre albedrío, porque la libertad y el amor son dos palabras que viven unidas en esencia. Toda la creación es amor y todo el universo trabaja para que seas libre. ¿No aspiran todos los maestros a la liberación?
Pues bien, no concibo la liberación sin antes haber ejercido la libertad durante mucho tiempo de haber decidido ir hacia ella.
Quizás sea un poco simplón en mis argumentos, pero decido (libre albedrío) sentir a Dios así. Hoy existen corrientes de pensamiento que, cubiertas con el “manto infalible” de “científicas”, osan decir con el aplomo del científico, que no existe el libre albedrío.
Dios es más osado que nadie porque quien más ama en este mundo es Dios y, el amor
desinteresado es la mayor osadía existencial.
Por lo que he podido descubrir, el amor de Dios se manifiesta con cuatro gestos: saber,
osar, crear y silenciar.
Nos ama tanto que nos da la cualidad de ser responsables de nuestros actos. Krishna nos dijo: “Así como decidas (libre albedrío) venir a Mí, Yo te aceptaré”. Si no existiera el libre albedrío, nadie sería responsable de sus actos; porque si no tienes libertad para decidir tampoco eres responsable de las consecuencias de tus decisiones. Y, por supuesto, tampoco valorarías ni comprenderías la Gracia Divina. Y, precisamente, esa responsabilidad de nuestros actos es la que crea las condiciones de nuestras aventuras y desventuras, vicisitudes y contingencias de las existencias futuras, las condiciones culturales, sociales, religiosas o genéticas que condicionan nuestras decisiones. Pues para esto mismo nos han dotado del libre albedrío, para, a pesar de dichas condiciones, trascenderlas y poder así alcanzar la llamada “liberación”.
Sólo con esfuerzo consciente te vendrá el poder.
Pero sólo sin esfuerzo lo podrás comprender
y utilizar en armonía, con éxito.
Dios nos da la libertad de poseer mentes refinadas, inteligentísimas, super astutas, pero viviendo en la más absoluta ignorancia espiritual.
Dios nos da la posibilidad de poseer inteligencias sencillas, pero profundamente sabias que han resuelto el enigma de “¿quién soy?, ¿de dónde vengo? y ¿a dónde voy?”
La intuición del alma y no la inteligencia es la herramienta de la sabiduría. La inteligencia debe estar al servicio del alma. De lo contrario, aparecen algunos científicos con sus pedantes locuras y sus aburridas opiniones, algunos políticos con su velado despotismo, muchos jóvenes con su descaro sensorial y su astuta cobardía y múltiples colectivos humanos esclavos de la inseguridad.
Como el agua del mar golpea las rocas con tremendos impactos, Dios golpea nuestro duro corazón y nuestra mente racional, que más parece un “pollo kiriko” en medio de una bandada de águilas reales, que simbolizan la inmensa majestuosidad de la vida invisible. Dios es como el agua del mar, nos permite vivir duros y ariscos como ciertas rocas durante mucho tiempo, pero Él nos sigue acariciando con sus aguas.
Aurobindo manifestó algo interesante respecto a esa vida invisible:
“Conocer estas cosas (ocultas) y traer sus verdades y fuerzas a la vida de la
Humanidad es una parte necesaria de la evolución. Incluso puede considerarse
que un acontecimiento suprafísico es necesario para la culminación del
conocimiento físico, porque los procesos de la Naturaleza física tienen detrás de
sí un factor suprafísico, un poder y una acción mental, vital o espiritual, que no
es tangible a cualesquiera otros medios exteriores de conocimiento.”
Nadie puede demostrar científicamente la fe, pero existe.
Nadie puede demostrar científicamente que tenemos alma, pero existe.
Científicamente está demostrado que el abejorro no puede volar según las “infalibles”
leyes de la aerodinámica, pero como el abejorro desconoce dichas leyes, se lanza
a volar y vuela como el más hábil de los pájaros.
Lo bello de lo espiritual es que no se puede demostrar porque es cuestión de sensibilidad y no de demostraciones científico-racionales. Te puedes equivocar, sí, pero sucede que la equivocación y el error forman parte del aprendizaje y la evolución.
Un árbol lanza a la tierra millones de semillas para que germinen, pero sólo unas pocas o a veces ninguna, según las condiciones, germinan. Esas pocas germinan debido a los millones de semillas-equivocación que no germinan. Hay millones de semillas equivocación en el sendero espiritual que son errores y no dan su fruto, pero al yogui no le importa porque sabe que su labor (Karma Yoga) es lanzar millones de semillas al viento y quizás, algunas de ellas, den fruto.
Los científicos también lanzan millones de semillas-equivocación, y cuando le dan a algo el título de verdad irrefutable, al cabo de un tiempo, surge otro científico que demuestra su falsedad.
Mientras, como era una demostración científica, nos han hecho creer a todos que era una indiscutible verdad o realidad o como quieras llamarlo; porque si no confías al cien por cien en la ciencia, quedas como un palurdo.
Por lo menos en el campo espiritual eres libre de sentir o no sentir, de amar o no amar, de tener fe o no. Hay respeto a la libertad de cada ser.
Es imprescindible la batuta de tu libertad y la responsabilidad de lo que sientas, pienses y decidas.
Es importante que dispongas de una mente abierta a múltiples posibilidades de ser, sentir y pensar.
No te cierres en banda a nada porque la vida posee infinitas maneras de sorprenderte.
A las personas esclavas de su intelectualismo o de su sensorialidad, no les interesa saber o creer que son responsables de su destino; es decir, no les interesa ni sentir ni creer en el libre albedrío. Justifican sus actos a través de la predestinación o la multi-influencia cultural, social, genética, etc.
Entiendo este argumento porque alivia la responsabilidad del que no quiere mojarse en la vida con casi nada o sólo con lo que le conviene. Un científico o una mente astuta puede encontrar argumentos para defender que el sol es cuadrado, que el agua no moja, o que los elefantes deberían usar gafas.
Que me perdonen lo astutos y los que sólo creen en la ciencia. Yo soy un “simplón”, confío en lo que siento, en lo que imagino, en lo que sueño, en lo que intuyo, en las nueve partes de mi iceberg que no veo. Confío en mi ángel de la guarda, ¡pobrecillo! Le hago trabajar las 24 horas del día y siento la fuerza de Dios en mi pecho, que es la ciencia que yo necesito y que alimenta mi espíritu y nutre cada acto de mi vida.
La vida espiritual es un abismo de arrojo y osadía, de sabiduría, amor y silencio. Sería
inconcebible desarrollar estas cualidades sin el maravilloso don del libre albedrío.
2. ¿Qué es conectarse?
Por lo que he experimentado de conexión con el alma, puedo decir que no tiene nada
que ver con la seguridad, la autocomplacencia, el gustito sensorial, la placidez físico emocional, la verborrea mental, la satisfacción intelectual, ni los cosquilleos pránicos de algunas prácticas yóguicas. Acostumbra a suceder que se vivencia el desgarro en el pecho, la luz cegadora, el vértigo del abismo, el silencio penetrante, la casi absoluta absorción de los sentidos, la humildad en la acción de las cosas pequeñas y olvidadas, el llanto humilde y una profunda osadía ante las limitaciones existenciales.
Cuando hablamos de conexión o de conectarse, nos referimos al alma o a la Gracia Divina. Si se ha tenido siquiera un leve contacto con esa Gracia te inunda de aspiración de crecer, de vencer a tus pavorosos dragones internos, de confianza absoluta y de profundo respeto por toda la creación.
A veces, sucede la sensación de vértigo sin miedo; el tiempo desaparece, la atención se expande. Nunca hablas de tu experiencia concreta a los demás.
La conexión con el alma es lo que nos salva de la oscuridad, y la ignorancia torpe y embrutecida, nos rescata del fango de la inercia y del frígido y estéril determinismo, y nos muestra el camino de la verdadera liberación.
Mientras permanezcamos dominados, y yo diría programados, por el hambre que nos obsesiona, por la sed que nos ahoga, por los múltiples dolorcillos de la realidad física, por las cosas que tocamos y vemos, por el sueño ceporro que nos adormece, por el temor a las soledades, por la angustia vital de las inseguridades o las contingencias existenciales, esto significa que todavía no hemos pasado al país del espíritu. Todavía seguimos anclados en nuestra mentira y apegados a nuestra esclavitud, aunque tengas mucho “éxito” socio-político-deportivo-artístico-sexual.
Conectarse es reconocer la Gracia de Dios en ti,
liberando tu miedo y creando la paz.
3. La misión
Todo ser humano que encarna en la Tierra tiene una misión que cumplir. Aparte de mejorar como personas, hacer brillar el alma, cumplir el deber familiar que a cada uno le corresponda en la vida, traemos un plan para esta vida que te compete descubrir para no perder el tiempo e impulsar la evolución de tu alma.
Cuántas depresiones y desánimos.
Cuántos cabreos y desasosiegos.
Cuántos alcohólicos y fumadores, drogadictos y suicidas.
Cuántos obsesos y maltratadores.
Cuánta pornografía y vidas frustradas.
Cuánta ambición, guerra y conflicto social.
Cuánta ansiedad por el dinero, la fama y el reconocimiento.
Todo ello, en esencia, es el efecto de que la gran mayoría de los humanos no ha descubierto el sentido verdadero de su vida, es decir, no ha encontrado su misión.
Cuando desconocemos el sentido o el propósito de nuestra vida, necesitamos buscar alicientes externos que alivien nuestra angustia vital como:
“Enamorarse” constantemente, es decir, intentar saciar su necesidad inagotable de afecto.
Leer revistas-cotilleo, o sea, la prensa de corazón.
Criticar sin piedad la vida de los demás o gritar como energúmenos en el fútbol.
Escuchar constantemente músicas estentóreas.
Trabajar ahogadamente sin parar.
Enriquecerse como si fuera una carrera de obstáculos.
Ver la tv 48 horas diarias.
Practicar deportes de riesgo y despertar la adrenalina suficiente para sentirse vivo.
Comer, tragar, deglutir, devorar, succionar, chupar… para sentirse saciado de lo que sea.
Leer, leer y leer historias múltiples, para entrar en la vida de los demás y ser espectador en lugar de protagonista.
Poseer lo mejor o ser el mejor en cualquier cosa.
Encuentra tu misión y comienza su realización. Entonces sabrás lo que significa ser protagonista de una historia, la tuya.
El Yoga bien practicado te desvela el propósito-plan-sentido o misión de tu vida en poco tiempo; pero el compromiso debe existir, si no, el velo no se cae, ni se abre a la luz.
El Yoga es una herramienta que te hace sentir el alma de las cosas y los seres, es la fuerza que te permite vivir el auto vencimiento de tu inercia materialista y sensorial.
Hay muy pocas cosas que se puedan entender. Nuestro error es querer entenderlo todo.
Hay cosas como la misión personal, que es preciso agarrarla con el corazón, con la intuición del alma. Cuando se desvela, aparece como un huracán de poder y determinación que te permite vencer obstáculos aparentemente insalvables.
Termino por esta vez pidiendo perdón si lo que digo es fuego que quema.
Pido perdón si lo que escribo es daga que hiere.
Pido perdón si lo que escribo es sal que escuece.
La causa de lo que escribo es un corazón ardiente de fe, es un cuerpo desbordante de
entusiasmo por la vida, es una mente sencilla, limitada, ignorante, ingenua o lo que coloquialmente se dice “pardilla”, así que, no me hagas mucho caso.
No llego a ser ni siquiera uno de los ciegos del famoso cuento del “elefante y los ciegos”, porque no sólo soy “ciego”, sino también “manco” y “cojo” y, a veces, “mudo”. Escribo estas cosas porque a veces siento los latidos del corazón del elefante en mi pecho.
Soma
