Carta de la Luna Llena
Los guías y nuestros colectivos de ángeles
Esén significa piadoso, compasivo, seguidor de la ley universal, sanador y terapeuta.
Son algunas acepciones que definen la palabra con la que calificamos nuestro Yoga. En esta carta de Luna Llena de julio, tiempo de regocijo amoroso, hablaré de los ángeles o guías invisibles.
Son algunas acepciones que definen la palabra con la que calificamos nuestro Yoga. En esta carta de Luna Llena de julio, tiempo de regocijo amoroso, hablaré de los ángeles o guías invisibles.
La filosofía esenia, lo mismo que acepta y respeta con cariño todos los caminos de conocimiento espiritual, todos los maestros encarnados y desencarnados y les presta su apoyo desde el corazón, también confía en los maestros invisibles que unos llaman guías, otros ángeles y otros maestros de luz.
Los guías te abrazan, te rodean y ven tu dolor y tu desesperación. Y si no pueden hacer nada, si no pueden ayudarte, es porque tú no se lo permites, no les das entrada en tu conciencia. Y si tu conciencia no les acepta abiertamente, ellos no pueden actuar a través de ti porque cometerían un grave error contra la libertad o el libre albedrío del alma humana.
Tú y todos, contamos con colectivos enormes de guías para ayudarnos. Háblales, escúchalos desde el corazón, pon un nombre a cada uno de los guías que sientes. No estás solo. Una de las afirmaciones más ignorantes que, a veces, el ser humano manifiesta, es decir que está solo en la vida. Son los ángeles los que un día te ayudan a descubrir una nueva técnica, una nueva idea, una nueva fórmula; te ayudan a pedir perdón y a sentir fe, a ver imágenes de lo intangible, a comprender tu misión o el camino por donde debes ascender a la montaña del conocimiento.
Los ángeles-guía son como los amigos. Si no les pides apoyo, no confías o pasas de ellos, no percibirás su influencia y apoyo. Son como el juego del amigo invisible, que nunca sabes de dónde te viene el regalo.
Confía en ellos y se acercarán. Ellos no son como los seres humanos, que para casi todo lo que hacemos ponemos nuestra firma y pedimos que se reconozca nuestro trabajo. Ellos actúan desde el más absoluto anonimato, porque todo lo que hacen lo hacen por amor. Seguro que has pensado muchas veces cómo fue posible alguna acción heroica de tu vida o aguantar con entereza alguna situación insoportable; o perseverar con tanta insistencia en algo hasta lograr tu objetivo, porque si lo tuvieras que vivir de nuevo sientes que sería imposible. Todos estos eventos especiales en nuestra vida, han sido animados o soportados por nuestros propios guías sin nosotros saberlo. Nos aportaron fuerza, vitalidad, comprensión, entusiasmo, paz y tesón en las situaciones críticas.
Los guías te abrazan, te rodean y ven tu dolor y tu desesperación. Y si no pueden hacer nada, si no pueden ayudarte, es porque tú no se lo permites, no les das entrada en tu conciencia. Y si tu conciencia no les acepta abiertamente, ellos no pueden actuar a través de ti porque cometerían un grave error contra la libertad o el libre albedrío del alma humana.
Tú y todos, contamos con colectivos enormes de guías para ayudarnos. Háblales, escúchalos desde el corazón, pon un nombre a cada uno de los guías que sientes. No estás solo. Una de las afirmaciones más ignorantes que, a veces, el ser humano manifiesta, es decir que está solo en la vida. Son los ángeles los que un día te ayudan a descubrir una nueva técnica, una nueva idea, una nueva fórmula; te ayudan a pedir perdón y a sentir fe, a ver imágenes de lo intangible, a comprender tu misión o el camino por donde debes ascender a la montaña del conocimiento.
Los ángeles-guía son como los amigos. Si no les pides apoyo, no confías o pasas de ellos, no percibirás su influencia y apoyo. Son como el juego del amigo invisible, que nunca sabes de dónde te viene el regalo.
Confía en ellos y se acercarán. Ellos no son como los seres humanos, que para casi todo lo que hacemos ponemos nuestra firma y pedimos que se reconozca nuestro trabajo. Ellos actúan desde el más absoluto anonimato, porque todo lo que hacen lo hacen por amor. Seguro que has pensado muchas veces cómo fue posible alguna acción heroica de tu vida o aguantar con entereza alguna situación insoportable; o perseverar con tanta insistencia en algo hasta lograr tu objetivo, porque si lo tuvieras que vivir de nuevo sientes que sería imposible. Todos estos eventos especiales en nuestra vida, han sido animados o soportados por nuestros propios guías sin nosotros saberlo. Nos aportaron fuerza, vitalidad, comprensión, entusiasmo, paz y tesón en las situaciones críticas.
Tampoco se trata de creer en ellos porque alguien te lo diga. Se trata de crear las condiciones para sentirlos. Se llega a sentir palpablemente su presencia, su fuerza, su discernimiento, su protección y su inmenso amor. ¿Qué hacer para sentirlos? Es importante el silencio, el amor, la inocencia y la humildad. Estas condiciones son las teclas de sintonización. Al vibrar a una escala de frecuencia elevada, no soportan los ruidos, las groserías, las palabras soeces, la ira y los enfados y, entonces, se apartan durante un tiempo hasta encontrar el espacio propicio adecuado para volver a ti.
¿Lo que estoy contando es un cuento de hadas? Sí.
Si posees la suficiente intuición como para percibirlo y sentirlo, fantástico.
Si no, tendrás que seguir soñando unas cuantas décadas más.
Nos hablan al oído, nos tocan con dulzura y suavidad; nos envían perfumes, nos proyectan imágenes en el centro de operaciones de la imaginación y de la intuición; nos liberan de “entuertos” que jamás llegaremos a ver. No obstante, si estás atento, serás capaz de enterarte de alguno que otro.
La técnica esenia te dice que lo único que hay que hacer es volcar tu mirada al interior y encontrar la luz que irradian los guías. No creas en nada,
siente, respira, imagina, vibra, danza, medita, agradece, entrega,
y es entonces cuando la FE se manifiesta como una explosión dentro de ti. La fe no necesita de creencias, dogmas ni tradiciones, sino de experiencias de vida, de amor, de renuncias y de entusiasmo.
Agradece cada noche oscura del alma (es la crisis espiritual).
Agradece la enfermedad incómoda e inoportuna.
Agradece a los ángeles invisibles.
Agradece la crisis y elimina el dramatismo, pues de lo contrario la agravas.
Si no, tendrás que seguir soñando unas cuantas décadas más.
Nos hablan al oído, nos tocan con dulzura y suavidad; nos envían perfumes, nos proyectan imágenes en el centro de operaciones de la imaginación y de la intuición; nos liberan de “entuertos” que jamás llegaremos a ver. No obstante, si estás atento, serás capaz de enterarte de alguno que otro.
La técnica esenia te dice que lo único que hay que hacer es volcar tu mirada al interior y encontrar la luz que irradian los guías. No creas en nada,
siente, respira, imagina, vibra, danza, medita, agradece, entrega,
y es entonces cuando la FE se manifiesta como una explosión dentro de ti. La fe no necesita de creencias, dogmas ni tradiciones, sino de experiencias de vida, de amor, de renuncias y de entusiasmo.
Agradece cada noche oscura del alma (es la crisis espiritual).
Agradece la enfermedad incómoda e inoportuna.
Agradece a los ángeles invisibles.
Agradece la crisis y elimina el dramatismo, pues de lo contrario la agravas.
Al iniciado en este Yoga no le es esencial ver ni entender, le es imprescindible sentir.
Hoy día, ciertas tendencias de trabajo psico-físico nacidas del Yoga, han eliminado la parte espiritual del Yoga y lo han dejado en “bragas” o en “plumas”; es decir, lo han dejado con el barniz, pero sin la raíz.
¿Por qué? Porque conviene económicamente, porque no sentimos, porque no terminamos de tener fe en los planteamientos yóguicos y preferimos, para quedar bien, “aerobizar” el Yoga o convertirlo simplemente en una terapia relajante o en una acrobacia estilizante. Si verdaderamente aplicáramos en nuestra vida los principios del Karma, del Bhakti y del Gñana Yoga, no necesitaríamos las farragosas y multitudinarias técnicas físicas hatha yóguicas; no necesitaríamos los múltiples métodos de Hatha Yoga con asepsia espiritual que se aplican en la actualidad.
Hoy día, ciertas tendencias de trabajo psico-físico nacidas del Yoga, han eliminado la parte espiritual del Yoga y lo han dejado en “bragas” o en “plumas”; es decir, lo han dejado con el barniz, pero sin la raíz.
¿Por qué? Porque conviene económicamente, porque no sentimos, porque no terminamos de tener fe en los planteamientos yóguicos y preferimos, para quedar bien, “aerobizar” el Yoga o convertirlo simplemente en una terapia relajante o en una acrobacia estilizante. Si verdaderamente aplicáramos en nuestra vida los principios del Karma, del Bhakti y del Gñana Yoga, no necesitaríamos las farragosas y multitudinarias técnicas físicas hatha yóguicas; no necesitaríamos los múltiples métodos de Hatha Yoga con asepsia espiritual que se aplican en la actualidad.
· El Hatha Yoga es simple e inocente cuando pones amor y sabiduría en
la acción.
· El Hatha Yoga es claro y sencillo cuando pones energía y
discernimiento en lo que sientes.
· El Hatha Yoga es divertido, creativo, adogmático y libre cuando pones
amor y vitalidad en lo que haces.
Es decir, la práctica del Yoga se vuelve una fiesta cósmica cuyos invitados invisibles pero evidentes y palpables como los devas, los ángeles, los gnomos, las hadas, los espíritus de la naturaleza, etc. juegan y bailan contigo en esta gran fiesta llamada vida, haya crisis o no.
la acción.
· El Hatha Yoga es claro y sencillo cuando pones energía y
discernimiento en lo que sientes.
· El Hatha Yoga es divertido, creativo, adogmático y libre cuando pones
amor y vitalidad en lo que haces.
Es decir, la práctica del Yoga se vuelve una fiesta cósmica cuyos invitados invisibles pero evidentes y palpables como los devas, los ángeles, los gnomos, las hadas, los espíritus de la naturaleza, etc. juegan y bailan contigo en esta gran fiesta llamada vida, haya crisis o no.
No te permitas quedarte “des-angelado”.
¿En qué podemos percibir el des-angelamiento?
En la ausencia de brillo en los ojos.
En las depresiones.
En las sonrisas heladas.
En la falta de valor para el compromiso.
En la crítica voraz y descarada al que no hace u opina como tú.
En el miedo a la inseguridad.
En la seca seriedad del que no sabe salir de la rutina.
En las panzadas, aunque sean vegetarianas.
En los fanatismos alimenticios, deportivos, ecologistas, políticos o
religiosos.
En las dramatizaciones victimistas que nos montamos, etc.
En las depresiones.
En las sonrisas heladas.
En la falta de valor para el compromiso.
En la crítica voraz y descarada al que no hace u opina como tú.
En el miedo a la inseguridad.
En la seca seriedad del que no sabe salir de la rutina.
En las panzadas, aunque sean vegetarianas.
En los fanatismos alimenticios, deportivos, ecologistas, políticos o
religiosos.
En las dramatizaciones victimistas que nos montamos, etc.
Y para “angelarte” de nuevo, en lugar de ser esclavo de cualquier “majadería”
externa, vuelca tu mirada a ese mundo inconmensurable y bellísimo que llevas dentro.
Krishna nos dice en su Bhagavad Gita que debemos mirarnos hacia dentro como si nos miráramos a la punta de la nariz.
Pero no hay que mirar al punto físico y externo de la nariz, hay que mirar al centro de ti mismo, al espacio interno de tu alma, de tu conciencia.
externa, vuelca tu mirada a ese mundo inconmensurable y bellísimo que llevas dentro.
Krishna nos dice en su Bhagavad Gita que debemos mirarnos hacia dentro como si nos miráramos a la punta de la nariz.
Pero no hay que mirar al punto físico y externo de la nariz, hay que mirar al centro de ti mismo, al espacio interno de tu alma, de tu conciencia.
No te quedes con el “barniz” de mirar a la punta de tu nariz
(como algunas técnicas de meditación), pues el único resultado que puedes obtener es que te quedes “bizco”. La caminata en este planeta, el pasearse alguna que otra vida por la Tierra, es uno de los más desafiantes retos al que un alma puede elegir enfrentarse. Es la escuela más estricta de aprendizaje. La Tierra es un espacio donde el alma se desnuda de todo lo aprendido anteriormente. Te dejan sin nada, pero con la posibilidad de ganarlo todo.
Comparando metafóricamente con algo de esta Tierra, tú serías el equipo local de un partido de fútbol; el público que te rodea, anima y ayuda, son los ángeles y guías de tu vida; el contrincante es la maestra crisis, que te ayuda a despertar tu poder y habilidades poniéndote dificultades y metiéndote algún que otro gol de angustia, infelicidad, depresión o desasosiego; el árbitro, es tu conciencia justa y ecuánime, tu alma, a la que no se le puede engañar; el entrenador, es tu maestro o tu profe; el entrenamiento del equipo es tu “sadhana” o práctica diaria. Los ángeles, así como el público, te dan la fuerza psíquica necesaria para que metas el gol de la felicidad, el gol del amor y la sabiduría. Se van del campo cuando eres un desastre, “no das pie con bolo” o se aburren con tus abúlicas rutinas. Pero se entusiasman y te dan toda su fuerza cuando coges el balón por “sus cueros” y, atravesando dificultades, zancadillas y
esfuerzos, aspiras a meter un gol a la maestra crisis que en el mundo espiritual se llama N.O.A. (Noche Oscura del Alma).
esfuerzos, aspiras a meter un gol a la maestra crisis que en el mundo espiritual se llama N.O.A. (Noche Oscura del Alma).
Soma
