Carta de la Luna Llena
A los profes de Yoga
Dentro del ámbito yóguico nos hemos creído que, con aprender formulitas relajantes, ya hemos cumplido.
Pensamos que, con aprender la técnica místico-científica que nos permite crearnos la ilusión de evolucionar más practicando menos y con menos esfuerzo, ya estamos en la vanguardia de “no se sabe bien qué” yóguica.
Nos sentimos envueltos en un halo de misticismo por el mero hecho de que sabemos mecanismos orto-pédicos o fisioterapéuticos, para curar nuestros “lum-vagos”.
Nos figuramos dentro de la élite espiritual por hablar en términos sánscrito-ayurvédicos y por proyectar miradas misteriosas, dejando con temblores estupefactos al principiante de turno.
Amigos profes, ¿dónde están los yamas y niyamas, dónde el Gita cuando a veces nos vemos “pringados” en guerras “intestino-vago-tónicas”, porque alguien con sus actitudes altera nuestra sacrosanta dignidad, o más aún, nuestra magnífica y dogmática idea de la dignidad del Yoga? Algunos se creen salvadores del Yoga cuando, si fuesen sinceros, dirían que es el Yoga quien les ha salvado a ellos de su tediosa y aburrida vida sin chispa, sin amor ni entusiasmo.
¡Hermano!, el Yoga es un estado que a veces alcanza “el menos pintao”, o el más humillado, o el menos ensalzado, o el menos reconocido. A veces, el alumno del rincón más olvidado que nada sabe de kriyas y shatkarmas. A veces, alguien cuyo trabajo es limpiar traseros en los hospitales que nada sabe de naulis ni de pranayamas. Quizás, el humilde campesino, cartero o panadero, que hace de psicólogo de los desconocidos de la masa popular que nada sabe de mudras, nadis ni suryanamaskares.
El Yoga es un estado al que a veces accede el más desheredado, desterrado, despedido o difamado, que nada sabe de antar mounas ni samadhis.
Entonces, ¿qué “narices” hacemos los profes o “maestrillos” de este país, seleccionando a los preferidos y desterrando a los que no comparten nuestras exquisitas e intocables opiniones místico-orientales?
El espectáculo que estamos dando es bochornoso y no tiene nada que ver con la consciencia, la paz, la armonía y, mucho menos, con la sabiduría y el amor.
Yo me considero un alumno, un estudiante, un discípulo y un eterno aprendiz.
¿Cómo no voy a ser un aprendiz cuando veo cosas que no entiendo,
busco cosas que no veo,
siento cosas que no encuentro,
me encuentro con cosas que alucino
y me pregunto cosas que no comprendo?
Los llamados yoguis no hemos comprendido todavía que sólo con la llave de la humildad accederemos al estado perfecto de amor sublime que llamamos Yoga.
¿Qué hacemos intentando legalizar académicamente esta disciplina tan maravillosa, cuando los propios que lo intentan se lanzan “ladrillazos” mentales y verbales, como cualquier político de poca altura de miras y enana comprensión de lo que es armonización; excluimos con tácticas astutas de palacio a todos los que no son de nuestra “cuerda” y anatematizamos al que quiere investigar fuera de la línea ortodoxa?
Como ves, “en todos los sitios cuecen habas”.
Quiero pertenecer al grupo de los yoguis rebeldes y divertidos.
Me apunto a la clase de los yoguis suspendidos sonrientes.
Me inscribo en el equipo de los yoguis payasos.
Me sumo a la plantilla de los yoguis que no se defienden ni compiten.
Me uno a la patrulla de los yoguis que aman la Ley y pasan de la normativa.
Me subscribo a la compañía de yoguis amantes de lo imposible.
Me alisto en el ejército de yoguis que abren la boca sólo para echar flores.
El Yoga será una explosión de consciencia, amor y sabiduría cuando, los que lo practicamos y enseñamos, nos miremos a los ojos y veamos la humildad de un campesino, la inocencia de un niño, el entusiasmo de un adolescente y la profundidad de un anciano.
A todos los que queráis escuchar os manifiesto que los tiempos esperados ya han llegado. Que nos olvidemos de las “sandeces” y las rencillas. Que hagamos cada uno lo que sepamos. Y que trabajemos “todos a una” para el bien común y no, como es muy común, para el bien de uno.
¿No comprendes que el que se quiera aprovechar de las circunstancias, será engullido por ellas?
Estamos en un tiempo de profunda y drástica transformación.
¿Qué quieres, tener éxito en la vida?
Prefiero que la vida sea un éxito para todos.
¿Qué piensas, ganar más dinero para asegurarte la vida?
Prefiero enriquecerme de fe.
¿Qué deseas, tener la libertad de hacer lo que quieras?
Prefiero aprender a querer lo que hago.
La Libertad es una “dama” que lleva buzo de “currela”, tiene agujeros en los bolsillos, no lleva mochila de viaje, reparte fuertes abrazos, seca muchas lágrimas allá por donde pasa, se presenta a las personas que menos la esperan y todas tienen algo en común, se entregan.
Pocas cosas puedo decir,
pues me siento un simple aprendiz.
Soy un yogui peregrino,
que ha encontrado su camino,
practicando la sadhana en esta bella montaña,
paciente como una roca,
silenciosa como un templo,
cruzando el tiempo sin tiempo,
me atrevo y espero sin miedo.
Soma
