Carta de la Luna Llena

por Oct 26, 2026Carta

¿Quién soy?” es curiosidad por lo más alto
¡Que el miedo, el tiempo y la negligencia no sean lo que impida realizar tu misión!
En la vida existen dos tipos de personas: los que aman la paz y los que no quieren la guerra.
 
1. Los que aman la paz, trabajan e intentan adquirir la sabiduría adecuada para alcanzarla. Su mente está en paz y al final lo consiguen.
2. Los que no quieren la guerra, les desagrada la situación, pero no hacen nada para salir de ella. Se quejan siempre porque su mente vive la guerra, no piensan en la paz, lo único que no quieren es la guerra. Son los parásitos amargados, no están dispuestos a ofrecerse por la paz, porque sólo piensan en términos de guerra; su mundo interior es una guerra. ¿Cómo van a trabajar por la paz si es algo que no sienten? Estos son los que critican siempre a todo el mundo, a todos los políticos. Son los sarcásticos de lengua viperina. Viven de ello porque piensan en ello, son los que se ríen de todo el mundo porque su vida es un antro de tristeza que rezuma angustia vital.
 
¿Dónde están los inocentes?
¿Dónde, los limpios de corazón?
¿Dónde están los humildes?
¿Dónde, los que siempre piensan bien de los demás?
¿Dónde, los sencillos, los confiados y los que sonríen a la adversidad?
 
Quiero encontrar a los que piensan que el trabajo eleva el espíritu.
 
Ahora, con la astucia tan desbordante venciendo, aparentemente, en todos los frentes, ni los niños son como niños ni los enamorados se aman, sólo ven conveniencias. Antes, los enamorados hacían locuras, porque el amor es la mayor osadía; ahora los enamorados se pasan “facturas”.
 
Hubo un tiempo en el que las personas se miraban a los ojos con franqueza y su palabra era la firma de su contrato. No hacían falta papeles porque el sonido de su palabra se grababa a fuego en el alma. Hoy nos fiamos tan poco unos de otros, que necesitamos firmas selladas de notarios, funcionarios, abogados o políticos para creernos algo.
Al final, los funcionarios van a convertirse en maestros espirituales; con un garabato en el papel
generan fe. Quizás dentro de poco lleguen a decirte que, si no tienes carnet de identidad,
no existes.
 
No obstante, nos lo hemos ganado a pulso por la cantidad de mentiras que emitimos, incluso sin darnos cuenta y, lo peor de todo, la cantidad de autoengaños personales e inconscientes que nos hacemos a nosotros mismos cada día.
 
¿Te has preguntado alguna vez por qué has elegido tu profesión?
¿El motivo real de vivir con quien vives?
¿La causa real de tus indigestiones?
¿El porqué de tu tedioso insomnio?
¿El sentido de tu rabia iracunda?
¿El objetivo profundo de tu avaricia crematística?
¿La raíz auténtica de la manía por vestir a la moda, de forma vistosa, atractiva, exuberante,
linda, estrafalaria, de etiqueta, etc.?
¿La causa de tus miedos?
¿El motivo de tu anhelo de reconocimiento?
¿El porqué de tu crónico aburrimiento?
¿El fundamento de tu obsesión sexual, fantasías o gula?
¿El origen de no poder vivir sin vicios o distracciones?
¿La finalidad de tu efervescente consumismo?
¿La razón por la que quieres tener hijos a cualquier precio?
 
Nos podríamos preguntar miles de cosas. En realidad, es un ejercicio de “Swadhyaya” (el cuarto
Niyama yóguico) y de ”Vichara”, uno de los cuatro Guardianes de la Libertad según los yoguis:
el profundo, eterno, irresoluto y enigmático interrogante “¿quién soy yo?, ¿de dónde vengo? y ¿a dónde voy?”
 
Según la ley natural, dos cosas no pueden ocupar el mismo espacio a la vez y un ser humano no puede pensar dos cosas simultáneamente. Por lo mismo, si la mente se ocupa con pensamientos bellos, positivos, elevados o armónicos, los pensamientos derrotistas, degenerados, negativos o inarmónicos no tendrán posibilidades de ocupar la mente. Este es un principio de psicología esenia que intentamos aplicar y entrenar, para templar nuestras mentes con el objetivo de disponer de herramientas efectivas para la evolución del alma.
 
El mencionado interrogante “¿quién soy?” es curiosidad por lo alto, que es lo que te puede elevar hasta las estrellas. Si te ocupas de mantener el “¿quién soy?” en la mente, el Cielo se ocupará de responderte de las formas más bellas, insospechadas, sorprendentes y mágicas que te puedes imaginar; porque tu mente se ocupa de mantener su atención en principios elevados. No dejes que tu mente desarrolle curiosidad por lo “bajo”, inferior y grosera, porque te hundirás en el “fango”.
 
Si eres astuto, este interrogante puede que te lo hagas alguna vez, pero no te lo querrás responder por el compromiso que supone con tu conciencia y con tu propio nivel de sinceridad.
 
Pero si eres sencillo, inocente, humilde y simple,
estarás dispuesto a colocar tu corazón en la mano
y no te importará que se rían de ti,
no te dará miedo que te engañen,
no te pondrás rígido cuando te increpen,
no te invadirá el sopor dramático,
no querrás salirte con la tuya,
no te importará ganar todos los pleitos dialécticos
y, sobre todo, sabrás reconocer tus errores y tu ignorancia.
Esta última actitud es el alimento fundamental para que la sabiduría florezca.
 
La ausencia de paciencia es uno de los comprobantes de que no nos acoplamos al ritmo del
universo interior y exterior.
Un árbol no florece ni saca hojas antes de tiempo.
Tú no viniste a la Tierra ni antes ni después,
viniste cuando te correspondía.
Soma